jueves, julio 21, 2005

Cervantes y Shakespeare: un encuentro en la música
Casi con total seguridad William Shakespeare conoció el Quijote. La primera
versión en inglés de la primera parte de la novela data de 1612 (Inglaterra fue el país
donde antes se tradujo) y un año después los “King’s Men”, la compañía shakesperiana,
representó una obra titulada Cardenno. En 1653, se registraría The History of Cardenio,
firmada por Fletcher y Shakespeare, pero no parece que llegara a publicarse nunca. El
hallazgo de este manuscrito constituye uno de los anhelos de la literatura inglesa. No es
extraño que el dramaturgo se sintiera fuertemente atraído por este personaje de
Cervantes: la figura atormentada de Cardenio y las de el resto de los amantes de Sierra
Morena recorren características psicológicas y emociones que van desde la capacidad de
amar por encima del propio bien hasta el más abyecto despotismo y desprecio de la
amistad, pasando por la inanidad, el heroísmo trágico o los más devastadores celos.
Incluso, el episodio de encuentros y desencuentros de estos amantes, los amores
cruzados, los equívocos, sumergidos en la frondosidad de la serranía trae ecos del
shakesperiano ambiente de El sueño de una noche de verano. Aparte de la fecha de su
muerte, Shakespeare y Cervantes tienen muchas coincidencias.\
Sería difícil encontrar otros dos autores que hayan sido capaces de inspirar con
su obra tanta cantidad de música, y es particularmente llamativa su presencia en el
mundo escénico. Más de doscientas óperas se basan en obras de Shakespeare, de las
cuales al menos una docena puede incluirse entre los más importantes títulos de la
historia de este género (baste recordar títulos como Othelo o Falstaff). Sólo el Quijote,
a su vez, sirve de libreto para unas ochenta óperas, que van desde Il Don Chisciotte
della Mancia de Carlos Sajon, estrenada en el Teatro di Canal Regio de Venecia en
1680 hasta el Don Quijote de Cristóbal Halffter, estrenada en el Teatro Real de Madrid,
el 23 de febrero de 2000. Si salimos de este ámbito y pasamos a la zarzuela, los ballets,
los poemas sinfónicos, los ciclos de canciones etc. los números crecen enormemente

Una parte importante de toda esta producción pertenece al siglo que discurre
entre 1650 y 1750, estando así inmersa de lleno en el barroco musical. Autores como
Purcell, Locke, Caldara, Conti, Telemann, Boismortier, Lalande, Leo o Martini no
resistieron la tentación de acercarse al personaje de Cervantes o a alguna de las
comedias de Shakespeare. El programa de hoy constituye una buena muestra de ello.
Excepción hecha de los dos conciertos de Vivaldi que articulan respectivamente
cada una de las partes del concierto, de las obras presentadas sólo la suite de Telemann,
no está vinculada a la escena; de hecho es la primera obra inspirada en el Quijote en la
que esto ocurre (consideramos, obviamente, los ballets como música escénica). Es ésta
una de las llamadas “suites características” de este autor, el maestro de la “pintura
musical”. En ella recorre un día de la vida del ingenioso hidalgo desde su despertar
hasta su sueño, pasando por el combate con los molinos de viento, el manteo de Sancho,
los suspiros por Dulcinea, el trote del rucio del escudero o el galope de Rocinante.
La otra presencia del Quijote se hace a través de la obertura y una selección de
danzas de la ópera “Don Chisciotte della Mancia in Sierra Morena”, ópera de Francesco
Bartolomeo Conti que gozó de una considerable fama en el segundo cuarto del siglo
XVIII, y que es un ejemplo paradigmático de la ópera italiana de la primera mitad de
siglo.
Por su parte, Shakespeare se hace presente a través de una suite extraída de la
ópera de Henry Purcell “The Fairy Queen”, basada en “El sueño de una noche de
verano” y de parte de la música incidental para “La Tempestad”, de Mathew Locke.
Ambos autores pueden ser considerados como iniciadores de ese “estilo nacional
inglés” que, posteriormente, encontrará en Haendel el máximo exponente.
Bernardo García-Bernalt

martes, julio 12, 2005

2DO. FESTIVAL 'OPERA EN LA CALLE'
El pasado sábado 9 de Julio se realizó uno de los mejores eventos culturales a nivel estatal, aprovechando la fecha de aniversario de la ciudad y del café de la Opera. Con la asistencia de mas de 8,000 personas, y el talento de mas de 100 artistas, resultó un gran éxito presentado en la Colonia Libertad. Un fuerte dispositivo de seguridad resguardó el lugar.Gente disfrazada como personajes de carnaval de venecia, gigantes caminando entre la gente, espacios para la venta de vino,café, cerveza, hamburguesas, tacos, hot dogs, camisetas, un pabellón infantil para la recreación, souvenirs, y exposiciones de obras plásticas. Hubo 5 eventos de gran calidad en el 'Café de la Opera' comenzando a las 2:00 p.m.: 2 de piano ,1 de guitarra y 2 de canto. A las 4;30 dio inicio el programa al aire libre en el anfiteatro, que contó con mas de mil sillas, con la adaptación de la obra de Gioacchino Rossini 'El barberito de Sevilla' ,y a las 5:30 se presentó un coro de Mexicali dirigido por Carlos Caldera (sin palabras) y a partir de las 6:45 hubo cantantes solistas, presentando arias, duos, canción napolitana, romanzas de zarzuela. El coro Vocal Clásico dirigido excelentemente por el maestro Ignacio Clapés deleitó con coros operísticos, números de zarzuela y opereta. La preparatoria Federal 'Pres. Lázaro Cárdenas' gratamente mostró un cuadro de baile estilo irlandés con gran aceptación. El coro de infantil se adueñó del escenario deleitando con sus trajes de marineritos. El último número fue la presentación de la Orquesta Sinfónica de Tijuana dirigida por el maestro Pavel Getman, presentando Coros de Opera y acompañando a solistas y coros. a la medianoche acompañados de la Orquesta el público cantó 'las mañanitas' para Tijuana y 'el café de la Opera'. Felicidades a los organizadores de este magno evento. Felicidades a Tijuana y al Café de la Opera. Cabe destacar que el costo para presenciar los eventos en el anfiteatro fue gratuito y los del café fue simbólico.

martes, julio 05, 2005

Opereta y Zarzuela
La Opereta.-La opereta es un género dramático musical de signo ligero y motivos satíricos que alterna pasajes hablados con fragmentos cantados(singspiel).Su nacimiento se remonta a la segunda mitad del S. XIXDurante la década de 1860, las obras cómicas precursoras del género se asomaron a los escenarios parisienses como parodias del estilo serio de la gran ópera francesa. Le Petit Faust (1869) de Florimond Herve, una de las primeras operetas de entidad, emulaba en clave de comedia la ópera Faust (1859) de Charles Gounod. Sin embargo, la cumbre del género se alcanzó con Jacques Offenbach, autor entre otras de Orpbée aux enfers (1856).
La opereta vienesa obtuvo gran éxito en los círculos centroeuropeos gracias a la popularidad de sus valses y tonadas. Las obras de Johann Strauss, entre las que se destaca Die Fledermaus (1874).
Un género similar, conocido como opereta anglosajona, se desarrolló en el Reino Unido a fines del siglo XIX y se trasladó a los Estados Unidos, donde alcanzó su máximo esplendor. Durante el siglo XX se destacaron títulos como Rose Marie (1924), de Charles Friml, o, se ha transformado el género en comedia musical, obras como Kiss Me, Kate (1948), de Cole Porter, West Side Story (1957) de Leonard Berstein.
Íntimamente ligados a la tradición de las operetas se hallaron diversos géneros que, aunque de orígenes dispares, fueron influidos por los medio y las técnicas de las primeras. Así, la ópera cómica, resultante de ciertos números interpretados en los intermedios de la ópera seria, adoptó nuevos formalismos hasta casi identificarse con la opereta desde el siglo XIX; y la zarzuela, manifestación costumbrista de la música cantada en España, enriqueció su aspecto musical, desde la proximidad con la revista hasta los lindes de la ópera seria.
La Zarzuela.-es una obra dramático-musical consistente en la alternancia de pasajes dialogados, canciones, coros y danzas, desarrollada casi exclusivamente en España.
Los antecedentes de la zarzuela se sitúan en la representación de autos sacramentales combinados con la imitación de la ópera italiana. Entre sus primeros cultivadores destacaron los dramaturgos del siglo XVII Félix Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca y el músico Juan Hidalgo. En sus libretos, de corte aristocrático, desfilaban héroes, personajes mitológicos y alegorías teológicas, según la moda italianizante de la época.
La dinastía borbónica en el siglo XVIII determinó un período de decadencia del género. La nueva aristocracia, amante de la ópera, atrajo a su corte a afamados músicos italianos y favoreció la representación de las obras de autores de la misma nacionalidad.
El renacimiento de la zarzuela, diferenciado por su sentido barroco del siglo XVII por acometer principalmente temas populares.
Conscientes de sus limitaciones artísticas, los autores de la nueva zarzuela la denominaron género chico, si bien la madurez temática y musical alcanzada por estas obras desde mediados del siglo XIX delimitó las características de una variedad de zarzuela cercana en pretensiones y calidad a la ópera, con la particularidad de incluir diálogos, conocida como género grande.
El género chico, edificado inicialmente en torno a los libretos castizos de Ramón de la Cruz, poseía un único acto e intenciones cómicas. Entre sus principales representantes se destacaron Francisco Barbieri con Pan y toros (1864), Tomás Bretón autor de La verbena de la Paloma (1894), Ruperto Chapí, compositor de El tambor de granaderos (1894), Federico Chueca, creador de La gran Vía (1886).
Cultivadores con preferencia del género grande, elaborado en cuatro actos, fueron Amadeo Vives, con Bohemio (1903) y Doña Francisquita (1923) y Jacinto Guerrero con los gavilanes (1924).
Durante el siglo XX la zarzuela experimentó una fase de progresiva decadencia creativa, aún cuando mantuvo un alto grado de aceptación.