lunes, junio 13, 2005

'Con la política del yugo....
II
Aquellos buenos tiempos

En el siglo XX, el periodo más importante del arte lírico en México se desarrolló en la década de los años cin- cuenta y sesenta. Esa etapa permaneció durante 25 años, periodo en el que María Callas, Giussepe di Stefano y otros cantantes internacionales dieron lustro a la ópera actual. Algunos especialistas consideran que sin esa pléyade de cantantes que lograron despertar masivamente el gusto, la atracción, por la ópera, quizás este arte hubiera dejado de tener presencia en el país.
Pero esas figuras de la ópera no llegaron solas a los mejores escenarios del país. Entonces existía la Asociación Musical Daniel (1923-1971) y Ópera Nacional AC, organismos que se encargaban de traer a México cantantes, directores y solistas con quienes organizaban temporadas en Bellas Artes con el patrocinio de diferentes Secretarías de Estado. Pero eso se acabó. A partir de 1971 el gobierno decidió que el INBA sería el encargado de todas las producciones de ópera con presupuesto federal, a pesar de que el arte lírico siempre requirió de mecenas por los costos de producción.
En la actualidad, la iniciativa privada condiciona los apoyos a la ópera y son aisladas las asociaciones civiles que intentan recuperar la vitalidad de esta expresión artística. Pro Ópera es una los escasos organismos que impulsa este arte. Fundada en 1985, esta organización promueve la difusión de la ópera a través de un patronato vinculado a la Compañía Nacional de Ópera apoyando proyectos y editando una revista única en su género.
No obstante, el ánimo en el arte lírico no se recupera. Para la mezzosoprano Ana Caridad Acosta, en México es un delito ser primera figura, y el acceso a los papeles principales de una puesta en escena se hace más difícil por la existencia de una política extrema: o te callas o no hay contrato. Esto significa que la presencia de los solistas en los escenarios no depende de su talento, ni de su trayectoria profesional, sino del humor del funcionario en turno.
Ana Caridad Acosta plantea que cuando empezó su carrera tenía la ingenua idea de que si llegaba a alcanzar grados de perfección en su canto, en su técnica y en el desenvolvimiento teatral, habría superado las barreras: "Pero, en realidad -asevera-, lo más difícil en esta carrera es comprender la política del yugo. Es decir, no importa que seas un ruiseñor. Si no te dejas llevar por el tejemaneje político que hay en la ópera no entras a la olla de los grillos. Los funcionarios quieren a los artistas como barcos de corchos que flotan en el agua para colocarse en el lugar donde más les convenga. Parece ser que no nos podemos permitir en este país decir la verdad. En la ópera lo que valen son las palancas, no el talento de los solistas."
Recientemente, Acosta tuvo un gran éxito por su participación en la ópera Aída. Pero, aunque en los programas de mano oficiales la presentan como la primera mezzosoprano del grupo Cantantes de Ópera de la Coordinación Nacional de Música y Ópera del INBA, ha estado dos años fuera de las temporadas de la Compañía Nacional de Ópera. Por lo mismo, tiene que cantar en celebraciones religiosas o restaurantes para lograr equilibrar sus ingresos económicos que percibe por sus contratos anuales en el coro del INBA.
La mezzosoprano precisa que una institución como el INBA necesita tener cantantes de repertorio. Por ejemplo, si la Compañía Nacional de Ópera decide poner Carmen o Tosca, el director de escena debe elegir a la mejor mezzosoprano de entre ese grupo de cantantes de solvencia que sacarán adelante las representaciones. Naturalmente también hay invitados especiales: "Pero, en México, no hay dónde trabajar como solistas. No hay ópera nacional. El consejo que les doy a quienes pueden salir al extranjero es quédense allá y no regresen porque en el INBA sólo existe el Palacio de los Invitados, no el de Bellas Artes. ¿Por qué no mejor unir esfuerzos e impulsar la ópera nacional? Es más, si el Teatro del Palacio de Bellas Artes es insuficiente, deberían de construir un Palacio de las Maravillas para presentar allá a los solistas internacionales de la ópera y dejar Bellas Artes para los «mediocres mexicanos». El punto es con qué criterios se maneja el escaso presupuesto destinado a la ópera.".