jueves, junio 09, 2005

"Con la política del yugo, no importa que seas un ruiseñor"
PARTE I
En la administración foxista, la Compañía Nacional de Ópera ha reducido su actividad a las reposiciones de obras y cumplimiento de temporadas con las mínimas funciones. El problema lo reducen a la falta de presupuesto. En tanto, los cantantes de arte lírico diversifican su profesión para que el desánimo no los aniquile, pero la fuga de talentos se incrementa.
Ante la actual crisis que vive el arte lírico en el país, las nuevas generaciones del siglo XXI no se imaginan que a partir de la tercera década del siglo XIX la ciudad de México fue uno de los grandes centros operísticos de América y que, desde 1831, el entonces Teatro Principal mantuvo por lo menos una temporada anual de ópera italiana, actividad que se diversificó en otros recintos culturales como el Teatro Abreu, el Esperanza Iris, el antiguo Teatro Hidalgo, el Teatro Renacimiento y el Teatro Fábregas. En aquella época existían, tan sólo en la ciudad de México, 86 compañías de ópera, la mayor parte eran italianas, algunas francesas y otras españolas, una inglesa y varias mexicanas.
Había un gran movimiento operístico. Incluso el general Antonio López de Santa Anna contrató a la famosa soprano austriaca Henriette Sontag para que viniera a México a formar la Compañía de Ópera Nacional. La diva aceptó, pero meses después de su llegada al país ella murió de cólera (1854). Aún así, el auge continuó hasta 1910.

Una lucha encarnizada
En pleno siglo XXI esa fructífera actividad del arte lírico está en riesgo. Aunque existen cantantes, orquestas, teatros y público, México carece de un circuito de ópera que mantenga la vitalidad de sus producciones y a los artistas en los escenarios. La Compañía Nacional de Ópera está en la encrucijada no sólo por su estrecho presupuesto y su consecuente reducción de producciones, sino porque cada vez se dificulta la programación fija de sus temporadas en el Teatro del Palacio de Bellas Artes porque este recinto es utilizado para las actividades tradicionales del INBA, pero también porque constantemente se alquila para "eventos especiales" no relacionados con las artes. El mismo Raúl Falcó, titular de la Compañía Nacional de Ópera, ha reconocido lo desgastante que es enfrentarse a cambios de programación de las temporadas debido a que se empalman con actos oficiales, actividades internacionales y cocteles privados. Aunado a esto, el Instituto Nacional de Bellas Artes (IN BA) es la única instancia en el país que realiza producciones operísticas, sin contar con el proyecto personal de ópera que Sergio Vela ha trazado en la Dirección de Música de la UNAM para beneficio personal y que también absorbe recursos federales.
Las temporadas de ópera en Bellas Artes está muy disminuida. La Compañía Nacional de Ópera tiene programada para mayo la reposición de La hija del regimiento, que ya se hizo el año pasado, y Turandot, para julio. Después, no hay ningún proyecto claro. Aunque México es reconocido como semillero de voces, los cantantes de ópera se diversifican para no claudicar. Algunos realizan actividades artísticas alternas en restaurantes o bares, otros buscan becas de apoyo y otros más están pendientes de las audiciones en el extranjero, localizan las oportunidades, orga- nizan su página de Internet para hacer que las compañías extranjeras los encuentren porque, además, en México no hay representantes que promuevan a los solistas del arte lírico.
De esta manera, el país también exporta una gran cantidad de talentos en materia de voces y cantantes profesionales. Por ejemplo, Alemania tiene activos en sus escenarios a cinco tenores mexicanos: Joel Montero, Omar Garrido, Armando Almanza, Pedro Velázquez Díaz y René Velázquez Díaz. Este último es, junto con Ramón Vargas, uno de los pocos mexicanos que ha ganado el concurso Enrico Caruso en Milán, Italia. Sin embargo, ninguna de estas voces son conocidas en su país de origen. En Alemania también están Edilberto Regalado y la soprano Gabriela Herrera.
Sin que suene a queja, expresa el tenor mexicano José Guadalupe Reyes, "lo mejor que podemos hacer los cantantes de ópera en México es salir de nuestro país". En entrevista comenta que el cantante mexicano, sobre todo la tesitura de tenor, es muy apreciado en Europa. Por ello, existe una gran camada de solistas que abrieron expectativas en el extranjero y se mantienen en los escenarios, como Francisco Araiza o Ramón Vargas.
En julio, Reyes participará con la Compañía Nacional de Ópera en Turandot, pero desde 1984 tiene una larga trayectoria en los escenarios nacionales e internacionales. Al referirse a su trabajo acepta que en México la labor de cantante de ópera es difícil porque se lucha, a veces, contra el mismo medio. Esto es, la competencia entre los cantantes es muy fuerte: "Aquí habemos muchos para muy poco -afirma-. Entonces son comunes las zancadillas y malas recomendaciones. Todo forma parte de la lucha encarnizada que hay por conseguir un papel en las reducidas producciones de ópera que se programan cada año. Pero un papel se logra con eficiencia, talento y estudio. Aunque uno tiene que vencer la crisis que se genera por la falta de temporadas de ópera a nivel nacional. La competencia es muy fuerte. Uno se debe llenar de mucha paciencia, entereza y dedicación. Continuar preparándose porque aquí nunca se termina de estudiar."
Este es un artículo de Cármen García Bermejo fechado el 3 de Mayo de 2005