miércoles, febrero 09, 2005

Anécdotas del gran Giuseppe Di Stefano

Pippo era un maestro en el arte de esquivar los ensayos. Cuando puse en escena Carmen en Chicago permaneció en la cantina del teatro sin que nadie se atreviera a buscarlo: estaba comiendo con el más famoso "gangster" de la ciudad que, además, le hizo un gran favor. En efecto. La reina Isabel II que acababa de visitar Canadá, llegó a Chicago y hubo que improvisar un concierto en el Lyric Theater. A último minuto la embajada inglesa informó que, de acuerdo con el protocolo, el tenor debía presentarse de frac. Por supuesto un artista en gira no tiene la costumbre de llevar traje de etiqueta y todos nos preguntamos cómo haría Pippo para conseguir uno, si todos los negocios estaban cerrados. Sin embargo, cuando la reina tomó su lugar en el palco, Di Stefano se presentó en escena con un elegante frac que le sentaba admirablemente. A la mañana siguiente leímos en los diarios un curioso hecho: en una gran tienda y en el departamente de trajes de etiqueta se había cometido un robo con rotura de vidrios. En el lugar y acompañado por un cheque cubriendo los gastos de los destrozos y del frac se halló una tarjeta de visita de Giuseppe Di Stefano. El adorable Pippo con mucha gracia nos recordaba sus orígenes sicilianos por intermedio de su amigo de la cantina."

De Pippo podía esperarse todo. En una ocasión, en Palermo, en el último acto de La forza del destino, la Tebaldi bisó "Pace, pace mio Dio". Como la cosa se prolongaba (seis minutos de romanza, más los aplausos), Pippo se había impacientado, fue a su camarín, se había cambiado de ropas y regresó tranquilamente a su hotel, dejando que se las arreglaran de cualquier modo al final de la ópera. Fue un medio escándalo.

De 'El arte del canto"