domingo, mayo 30, 2004

LOS SONIDOS DEL SILENCIO
Enrico Caruso y Hellen Keller: dos ejemplos de la grandeza de Dios que se manifiesta a través de ellos.

Imagina por un instante ausencia de sonidos....
Imagina por un instante ausencia de luz....
¿Cómo podrías comprender el mundo que te rodea? ¿Cómo podrías entender el mundo más allá de éste? El sentido de supervivencia es perenne...
¿Te daría lástima estar en esa situación? o ¿Tendría que pasarte algo "malo" para justificarse con un "si hubiera estado"?. Personas como Desdémones que venció su timidez, Beethoven, que, estando sordo, compuso sinfonías, y obras maravillosas, o Proust que, moribundo describió en sus escritos su propia agonía, impusieron su voluntad más allá de sus limitantes físicas. Hay muchos ejemplos, pero uno en especial, el de Helen Keller, que a los 19 meses de nacida, adquirió una rara enfermedad, o que por lo menos los doctores de ese tiempo no pudieron diagnosticar, y que, al superarla, quedó ciega, sorda y muda. Y entró en una oscuridad en el que la mayoría de la gente con quien convivía pensaba que no iba a salir nunca ¿Cómo descubrir el entorno de ese mundo lleno de oscuridad y de silencio?. Anne Sullivan, "Teacher" para Helen, fue comisionada por Alexander Graham Bell, inventor del teléfono y benefactor de personas sordomudas, para ayudar a Helen. Anne con paciencia y firmeza enseñó a Helen que el ambiente que nos rodea no es el límite, por el contrario, es la punta del témpano y hay que comenzar a descubri lo demás. Helen aprendió a comunicarse y a sobrepasar su mundo a la luz de la consciencia, sabiduría y estudio, tan así que se graduó de la Universidad y apoyó la causa de personas con discapacidades diversas, dando conferencias por todo el mundo. El 1ro de Junio se celebra el día mundial de Helen Keller...
¿Qué puedes aprender de su ejemplo? ¿Qué harías si te encontraras en una situación similar? ¿acobardarte y sentir látima por ti mismo y no seguir? o ¿enfrentar con valentía y sobreponerte?
Ningún animal enfermo o moribundo se tiene lástima, ¿porqué nosotros nos damos ese lujo? Ahí se ven...