sábado, abril 10, 2004

Requiems

La palabra réquiem proviene de la primera frase del canto de entrada, llamado "introito" o introducción, con que comienzan las celebraciones de las misas de difuntos: \"Réquiem aeternam dona eis, Domine\" (Señor, dales el descanso eterno). El término réquiem, cuyo significado es descanso, se convertirá en sinónimo de misa de difuntos y pasará a denominar estas misas de forma general.


Todas las misas tienen una serie de partes comunes que son cantadas. En el caso del réquiem se omiten algunas como el Gloria, el Credo o el Aleluya y a cambio pueden aparecer otras diferentes como el Dies Irae (Día de la Ira), Lux Aeterna (Luz Eterna) o Libera me, Domine (Libérame, Señor), siendo este último un canto de absolución.


A lo largo de la historia se han compuesto cientos de réquiem, respondiendo muchos de ellos a encargos concretos. Mozart, Cherubini, Berlioz, Verdi, Listz, Fauré, Brahms, Duruflé... y muchos más son autores de este tipo de composiciones.


Merece la pena recordar estas palabras de Schumann: \"un Réquiem es algo que uno compone para sí mismo\". Desde su origen sufrió una importante evolución que llevó en algunos casos a convertirlo en una gran cantata fúnebre con coro, solistas y orquesta, hasta aproximarse incluso al oratorio.


Destacan los réquiem de Verdi y de Berlioz por ser obras a gran escala que requieren de un efectivo orquestal enorme. Berlioz, en su Grande Messe des Morts, compuesta en 1837, cuenta con una gran orquesta de 140 instrumentistas, entre los que destacan las cuatro bandas de viento, los cuatro tam-tams, los 10 pares de platillos y los 16 timbales, que acompañan a las voces. Curiosamente, el réquiem de Verdi recibe el nombre de Réquiem Manzoni, en honor al escritor italiano a quien está dedicado.


Brahms escribió su Réquiem Alemán en 1868 para soprano y barítono, coro y orquesta. En este caso no se trata de una misa de difuntos exactamente, ya que su texto no pertenece a la liturgia católica, sino que está extraído de pasajes bíblicos de meditación y consuelo en alemán. Más que una obra destinada a la liturgia es un canto de carácter espiritual cuyo tema central es la muerte.

Pero puede que dos de los réquiem más escuchados y alabados sean los compuestos por Fauré y Duruflé, ambos caracterizados por la presencia de bellas melodías y por un estilo muy lírico y delicado.