martes, diciembre 16, 2003

Una voz privilegiada
Wotan ha partido al Walhalla: Murió el legendario Hans Hotter
El barítono alemán tenía 94 años


A los 94 años, el lunes 6 diciembre pasado, falleció Hans Hotter, una de las glorias del canto del siglo XX, además, particularmente admirado en la Argentina por sus numerosas participaciones en el Teatro Colón.
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Quien fue el modelo más consumado de los papeles wagnerianos para bajo barítono de su tiempo llegó al canto casi por casualidad al considerar que era necesario cultivar esta práctica como una materia complementaria a sus estudios musicales de piano y de musicología.
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Impulsado por su maestro, quien descubrió la potencialidad de sus condiciones vocales, Hotter abandonó sus estudios universitarios de filosofía y se dedicó profesionalmente al canto porque, además, como él lo reconocería más adelante, le iba a permitir ganarse la vida de un modo mucho más sencillo. Integró distintas compañías operísticas en Breslau, Praga, Hamburgo y, por último, por invitación de Clement Kraus, en 1937, como uno de los bajo barítonos de voz más atractiva de aquel tiempo, pasó a ser uno de los cantantes principales de la Opera de Munich.
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Después de la Segunda Guerra Mundial, cuyos avatares los vivió en Baviera, Hotter fue de los primeros artistas alemanes en llegar a los países que habían sido los enemigos de Alemania. En 1947 debutó en el Covent Garden de Londres como integrante de la Opera de Viena y el suceso obtenido puede ser marcado como el comienzo fulgurante de su carrera internacional. Al año siguiente, aun antes de desembarcar en el Metropolitan Opera House de Nueva York, Hotter hizo su debut en el Teatro Colón, en 1948, ocasionando una verdadera conmoción.
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Sus años de esplendor fueron los de las décadas del 50 y 60. Sus creaciones wagnerianas, las del Holandés errante, de Kurwenal, de Gurnemanz o de Hans Sachs eran valoradas, pero su Wotan era el papel que más deslumbramientos provocaba. Durante años, todo cantante que asumiera la interpretación del dios wagneriano debía someterse a la comparación con el modelo supremo, el de Hotter, la referencia obligada.
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No obstante su celebridad internacional, continuó volviendo al Colón esporádicamente para protagonizar distintos papeles operísticos hasta 1960. Su recital de lieder junto al pianista Walter Klein, en 1966, para el Mozarteum, fue su última presentación en el país. En 1972, a los 63 años, se despidió de Wotan en la Opera de París, en una representación de "La Valquiria". Algunos meses después, haciendo al Gran inquisidor, en "Don Carlos", de Verdi, Hotter cerró su carrera en el mundo de la ópera. Luego de esa despedida, continuó cantando algún tiempo más únicamente como recitalista. Con todo, aún guardaba en su valija una última gran emoción musical: a los 81 años, en Londres, con su voz poderosa, envolvente e hipnótica relató el texto del narrador en una producción de los "Gurrelieder" , de Schšnberg. Después, sólo sería recordado cada vez que en alguna emisora o en algún hogar alguien lo rescataba desde alguna de sus grabaciones.
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Lamentablemente, en sus años gloriosos, dejó numerosas grabaciones, pero ninguna que lo recuerde en la gran tetralogía wagneriana bajo un solo director, en estudio y en un ciclo único. Sus registros hay que rastrearlos por aquí y por allá. Sin embargo, así en Wagner como en una cantata de Bach, en Don Giovanni o en las "Canciones serias" de Brahms, su voz siempre emerge notable, diferente y única. Para aquellos que tuvieron la fortuna de escucharlo en vivo, no hubo voz varonil wagneriana más notable que la de Hotter. Para los que, con menos apasionamiento y otra distancia emocional, lo han descubierto desde los registros discográficos, el impacto es prácticamente el mismo: un artista extraordinario, con una voz amplia, atrapante, densa o delicadísima y, según la ocasión, intensamente atemorizante. Ante su fiereza, Brunilda no tenía más alternativa que sentirse invadida por el terror.
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Pablo Kohan