domingo, agosto 31, 2003

La Ópera Mexicana desde 1700 hasta nuestros dias
Esto es un recuento de la Opera en México por parte de José Octavio Sosa:
En 1708 y 1711 se estrenaron en el Palacio Virreinal de la Nueva España dos producciones que se pueden conjeturar como obras operísticas: El Rodrigo, y La Parténope, ambas de Manuel de Sumaya (1682-1755). A estos antecedentes se encuentra la primera ópera mexicana escrita en el México independiente, Adelaida y Comingio de Vega, en el año de 1835, obra ahora desconocida y extraviada.
En 1859 el distinguido músico Cenobio Paniagua (1821-1892) estrenó su Catalina de Guisa repitiéndola en los años 1861-62. En 1863 Melesio Morales (1828-1908), que a la postre fue considerado el mejor exponente de este género en nuestro país y en ese siglo, presentó su primera producción con Romeo y Julieta y Paniagua la segunda con Pietro d´Abano, también Octaviano Valle con Clotilde di Cosenza y Mateo Torres Serratos con Los dos Foscari. En 1864 en el teatro Imperial se promociona Agorante, rey de la Nubia de Miguel Meneses (1839-1900) y Pirro de Aragón de Leonardo Canales de la que el periódico El Pajaro Verde (jul. 13), publicó sus impresiones: “Todos los concertantes se desgraciaron, por poco empeño de los cantantes; violines hubo a los que se les rompieron cuatro cuerdas en la noche, y las trompas dejaban escapar fuera de tiempo agudísimas notas. Canales tuvo que ponerse en pie y apostrofar a los músicos ante el público”. 1866 es el año de Ildegonda de Melesio Morales que canta Angela Peralta, y 1871 el de Miguel Planas y su Don Quijote en la venta encantada, así como de Aniceto Ortega (1825-1875) que presenta Guatimotzin igualmente con la Peralta y nada menos que con el célebre tenor Enrico Tamberlick.
Seis años más tarde, en 1877, otra vez Melesio Morales logra que se estrene Gino Corsini en el Nacional, alcanzando fama, aplausos y algo de dinero. En 1885, en el Colegio del Sagrado Corazón y casi con aficionados, Felipe Villanueva (1862-1893) da a conocer su ópera infantil Un día de asueto el 19 de octubre, para que seis años después Melesio Morales llevara a escena su Cleopatra, que vio la luz en 1891 en el Nacional, auspiciada por la Compañía de Ópera Italiana Sieni y con la soprano Salud Othón como protagonista, de la cual cabe transcribir un fragmento de una crónica de Manuel Gutiérrez Nájera que con el seudónimo de “Puck”, escribió en El Universal (nov. 20): “Corren rumores alarmantes respecto a la suspención, por dos noches consecutivas, de Cleopatra. Esto coincide con el divorcio y con el monopolio de la carne. Por lo mismo es sospechoso. Una Salud {Othón} que se enferma es inverosímil. El cartel que anunciaba la enfermedad en la primera noche, decía que la señora Othón cantaría Cleopatra al día siguiente. Lo grave del caso es la perturbación que pueden causar en las familias estas suspenciones de a ultima hora. Supongamos, por ejemplo, que un marido sale del hogar doméstico diciéndole a la señora: -Voy a ver Cleopatra. Él va a ver a Concha, a Petra o a Indalecia, para hacer estudios acerca de las cuestiones palpitantes que preocupan hoy a la prensa y a la sociedad. Vuelve a su casa a la hora que comienzan a vender las jaletinas. Se levanta y, en el desayuno, la señora le dice: -¿Qué tal Cleopatra? -¡Divina! -¿Cantó bien la Othón? -Ni se le conocía que hubiera estado enferma. Por la noche llega al hogar este humilde periódico de ustedes (lo regalo porque no es mío), y en él un parrafito que dice: No se cantó anoche “Cleopatra” por haber seguido indispuesta la señora Othón. La reyerta en inminente. Supongamos que la señora es como nosotros: enemiga de los monopolios. Sabe que su marido, melómano incurable que tararea Lohengrin todas las noches al quitarse los calcetines, va al teatro. Escribe, pues, a Pepe, un billetito diciéndole que de nueve a diez puede ir a verla. El marido que es melómano, pero no tenor de fuerza, ni anda en trapicheos ni se desvela sino con música, viendo que no hay función, vuelve a casa.... Allí oye un mi natural que le hace lanzar un re sostenido... ¡Cleopatra!, ¡Cleopatra!, ¡cuántos crímenes se habrán cometido por tu culpa!”.
Un año después, Julio Morales (1860-192?), hijo de Melesio llevó a la escena su primer y único intento operístico, Colón en Santo Domingo y en 1893, en el teatro Principal Felipe Villanueva promueve su bella partitura Keofar, y casi para iniciar el siglo, en 1900, Ricardo Castro (1864-1907), notable pianista y compositor da a conocer la ópera Atzimba, primero como zarzuela y más tarde transformada a ópera. Y al iniciar el siglo XX, Gustavo E. Campa (1863-1934) presenta sin éxito alguno El Rey Poeta ópera de la que El Imparcial emitió el siguiente comentario: El Rey Poeta resultó inmensamente malo, algo así como un eficasísimo remedio contra el insomnio. La ópera del señor Campa es una especie de cajón de sastre; hay en ella retazos de todos los tamaños y todos los colores. Tiene plagios descarados de Lohengrin, en el coro interno, de Otello, de Pagliacci, de Cavalleria Rusticana, de la Hebrea, y hasta ostenta como suya una vulgar canción napolitana. Ayuna de personalidad, carente de inspiración, monótona hasta el fastidio y fastidiosa hasta el bostezo y narcótica hasta el letargo, la ópera del señor Campa debe ser inmediatamente arrojada a la sombra y al polvo del archivo de las obras fracasadas.”
Para 1902 Ernesto Elorduy (1855-1913) mostró al público su Zulema, repetida en 1903 en el teatro Principal y repuesta el pasado año de 1999, en forma de ópera concierto con la Orquesta de Cámara de Bellas Artes bajo la dirección de Enrique Barrios. Con La leyenda de Rudel, Ricardo Castro cerraba el año de 1906, consiguiendo buen éxito, y en 1910 la ópera Nicolás Bravo de Rafael J. Tello (1872-1946) se escenificaba en un ambiente post-revolucionario, logrando que su partitura se volviera a representar en 1912. El teatro Arbeu estrenó en 1916 I due amore de Tello en enero, para después presentar en 1918 Anáhuac de Arnulfo Miramontes (1882-1960) con María Gay y Giovanni Zenatello en los papeles principales y El indiano de Alberto Flachebba.
El hombre de letras y músico, Alejandro Cuevas (1870-1940) estrenó su ópera Morgana en 1920 llevando en su elenco a María Romero, José Mojica y María Teresa Santillán y el no menos inteligente maestro José F. Vásquez (1896-1961) daba a conocer en 1922, su primera ópera llamada Citlali con María Luisa Escobar como heroína. El año de 1928 en el inconcluso teatro Nacional, después Palacio de Bellas Artes, se reponía Atzimba de Castro, para dar paso un año después a la extraña ópera Lisisca de Flachebba el 10 de noviembre. En el destartalado teatro Hidalgo, ahora teatro Regina, en 1935, Heliodoro Oceguera presentaba su partitura Un sueño de hadas, en tanto el Palacio de Bellas Artes reponía, otra vez, Atzimba, y Lisisca, así como El mandarín y El Rajáh de José F. Vásquez, además de Tabaré de Oseguera. Media década después, Manuel Camacho Vega aprovechó la oportunidad y mostró su ópera Tonatiuh en Bellas Artes, en tanto se preparaba la première mundial de Tata Vasco, en 1941, de Miguel Bernal Jiménez (1910-1956) en Pátzcuaro, Michoacán y la presentación de la misma en la ciudad de México el propio año.
La mulata de Córdoba, única ópera de José Pablo Moncayo (1912-1958), escrita por encargo de Carlos Chávez (1899-1978) que se estrenó en la temporada de la Academia de la Ópera en 1948, encabezando el elenco una Oralia Domínguez en los albores de su carrera, se presentó como el plato fuerte de la noche en un programa que incluía otros dos estrenos: Carlota de Luis Sandi (1905-1996) y Elena de Eduardo Hernández Moncada (1899-1995). Fue La mulata la única que alcanzó un verdadero triunfo, reprogramándose en posteriores temporadas en Bellas Artes e incluso en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona en 1966, donde compartió el programa con Severino de Salvador Moreno (1916-1999) y Carlota de Sandi. En la década de los cincuenta se repusieron La leyenda de Rudel y Atzimba de Castro, Carlota y La mulata de Córdoba, pero el acontecimiento, porque así se le llamó, fue el estreno en 1959 de El amor propiciado de Carlos Chávez, cuya première había tenido lugar en Nueva York dos años antes.
En 1957, Luis Mendoza López (1890-1966) estrenó Eréndira en Xalapa, Veracruz, con repeticiones en Guadalajara y Guanajuato, y en 1959 en el teatro Jorge Negrete de la ciudad de México, donde Plácido Domingo cantaba ya alguna pequeña parte.
En 1961 José F. Vásquez estrenó El último sueño con Plácido Domingo, Martha Ornelas y Guadalupe Solórzano. Se presentó en programa doble con La mulata y el éxito sólo fue de esta última. Después de algunas representaciones de Severino y Carlota, se estrenó la que sería la primera ópera de Carlos Jiménez Mabarak (1916-1994), Misa de seis, que obtuvo una fría recepción. En 1963 Chávez repitió su partitura, ahora cantada en la versión en español. Un año más tarde, Luis Sandi presentó La señora en su balcón, basada en una novela de Elena Garro (1917-1998), que cantaron Graciela Saavedra, Gilda Cruz, Aurora Woodrow, Salvador Novoa y Roberto Bañuelas, con una puesta en escena de Celestino Gorostiza (1904-1967). Finalmente, en 1968 en el teatro Ferrocarrilero, el maestro Chávez sacó El amor propiciado, rebautizándolo como Los visitantes.
En 1974 la célebre compositora y pianista Alicia Urreta (1931-1986) presentó en el Centro Cultural El Agora su ópera El romance de doña Balada, con buena crítica, dejando tristemente inconclusa su salsópera El espejo encantado, con textos de Salvador Novo (1904-1974). Algo similar ocurriría con La encrucijada, ópera de Manuel Enríquez (1926-1994) que quedó interrumpida por la muerte del maestro. En diciembre de 1975 se repuso, después de 26 años, Tata Vasco, de Miguel Bernal Jiménez.
El teatro de la Ciudad de México, antes Iris, albergó la ópera Encuentro en el ocaso, de Daniel Catán (1949), en 1980 y un año después, en Bellas Artes, sería el turno para el compositor Miguel Alcázar (1942) y su ópera La mujer y su sombra, que en programa triple compartió la velada con Severino y La mulata. La que sería la segunda y última obra operística de Jiménez Mabarak, La Güera, se estrenó en Bellas Artes en 1982 con éxito singular.
En 1987 se estrenó en Bellas Artes, escénicamente, Orestes parte, magnífica partitura de Federico Ibarra (1946) que ya había presentado su Leoncio y Lena en 1981, y que estrenaría después El pequeño príncipe en Los Angeles, California, Madre Juana que llevó a escena en 1993 y Despertar al sueño en 1994, obra que alcanzó singular número de representaciones.
La première de Aura, de Mario Lavista (1943), se llevó a cabo en el Palacio de Bellas Artes en 1989; la obra está basada en la novela de Carlos Fuentes (1928). El mismo año se presentó en Monterrey, N. L., la ópera El marciano del compositor y director de coros Gabriel González Meléndez (1960). Basada en una obra de Octavio Paz (1914-1998), La hija de Rappaccini de Daniel Catán se llevó a la escena en 1991; tres años después sería estrenada en la Opera de San Diego, California. Antes, en 1990, José Antonio Guzmán (1946) había presentado su Ambrosio o la fábula del mal amor, tanto en la Sala Covarrubias como en Bellas Artes. En tanto, Hilda Paredes (1957), Marcela Rodríguez (1951) y Manuel Henríquez Romero (1930) estrenaban en 1993 The Seventh Pip, La sunamita y Malinali, en el teatro Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM, en el teatro de la Ciudad de México y en el Manuel Doblado, de León, Guanajuato, respectivamente.
En 1994 Víctor Rasgado (1959) estrenó en Spoleto, Italia, en el teatro Ciao Melisso, Anacleto Morones, que a la postre había ganado el concurso de composición operística Orpheus. Esta partitura continúa inédita en México. Los más recientes estrenos de óperas mexicanas son La tentación de San Antonio, de Luis Jaime Cortez (1962), cuya première tuvo lugar en 1998 en el teatro de las Artes, Florencia en el Amazonas, de Catán, en mayo de 1999, El pequeño príncipe, de Ibarra, De cachetito raspado, de Juan Trigos R., en el Centro Cultural Helénico, en el mes de septiembre de 1999 y la versión definitiva de la única ópera de Carlos Chávez, que ya conocida en nuestro país como el El amor propiciado y Los visitantes, ha quedado registrada, según las últimas indicaciones y arreglos del propio compositor antes de su muerte, como The Visitors, cuyo estreno mundial se verificó en el teatro Juárez, de Guanajuato el pasado 2 de octubre de 1999. En el añ 2000 se produjeron dos estrenos mundiales en el Centro Cultural Helénico. Se trata de La Muerte y el hablador de Leopoldo Novoa y Doloritas de Julio Estrada. Estos se verificaron los días 9 y 10, y 12 y 13 de agosto, respectivamente.

sábado, agosto 30, 2003


VIVALDI A LA MEXICANA

Aqui les va algo interesante que yo no sabía:

Montezuma (ópera)
De Wikipedia, la enciclopedia libre.

Montezuma (Drama per musica)

Opera seria de Antonio Vivaldi creada en el otoño del año 1733 estrenada en el Teatro San Angelo de Venecia.


Opera en tres actos basada en el libreto de Girolamo Giusti

Personajes:

Montezuma, emperador de México
Mitrena, su esposa
Teutile, su hija
Fernado (Cortes), General de los ejércitos españoles
Ramiro, su hermano cadete
Asprano, General de los Mexicas


Estructura de la obra

Overtura:

Sinfonía
Allegro
Adagio Molto
Allegro
Acto I:
Escena 1
Recitativo, "Son vinto eterni dei!" (Montezuma-Mitrena-Teutile)
Escena 2-3
Recitativo accompagnato, "Non ha bisogno" (Montezuma)
Aria, "Gl'oltraggi della sorte" (Montezuma)
Escena 4
Recitativo, "Che legge e questa mai!" (Teutile-Fernando-Montezuma-Ramiro)
Escena 5
Aria, "Dallo sdegno, che m'accende" (Fernando)
Escena 6
Recitativo, "Mirarti appena ardisco idolo mio" (Ramiro-Teutile)
Aria, "Barbaro piu non sento" (Teutile)
Escena 7
Recitativo, "In fausto di, quante sciagure" (Ramiro)
Aria, "Tace il labro, ed il mio affetto" (Ramiro)
Escena 8
Recitativo accompagnato, "Numi, se ancor pietosi volgiete" (Montezuma)
Escena 9-13
Recitativo, "Seguime. - Che ricerchi?" (Todos)
Escena 14
Recitativo accompagnato, "Ah no... Ferma... t'arresta..." (Mitrena-Fernando)
Aria, "I cenni d'un sovrano" (Fernando)
Escena 15
Recitativo accompagnato, "Confesso non discerno, ove son" (Montezuma)
Aria, "Se prescritta e in questo giorno" (Montezuma)
Escena 16
Recitativo accompagnato, "Parte l'afflitto sposo" (Mitrena)
Aria, "S'impugni la spada" (Mitrena)
Acto II

Escena 1
Recitativo, "Di questo a me lascia la cura"
Aria, "Brilleran per noi piu belle"
Escena 4
Recitativo, "Fernando il gran momento"
Recitativo accompagnato, "Di che tu lagni?"
Escena 5
Recitativo, "E guerra avrai"
Aria (Trio), "A battaglia"
Escena 7
Aria, "Sei troppo, troppo facile"
Escena 10
Recitativo, "Fuggi Ramiro"
Aria, "In mezzo alla procella"
Escena 11-13
Recitativo accompagnato, "Vane crudel, distruggi..."
Escena 13
Aria, "Un guardo, oh Dio"
Escena 14
Recitativo, "Vanne, che venticata:"
Aria, "La figlia, lo sposo"
Acto III

Escena 1
Recitativo, "Esci german, pria che peggior destino"
Aria, "L'aquila generosa"
Escena 2
Recitativo e Aria, "Or que salvo il german", "Anche in mezzo del contenti"
Escena 3
Aria, "Dal timor, dallo spavento:"
Escena 4
Recitativo y Aria, "Ecco fideli miei, Nalla stagion ardente"
Escena 5
Sinfonia Funebre
Aria, "L'agione dell'alma afflitta"
Escena 6
Recitativo, "Figlia una volta ancora"
Escena 9
Recitativo, "Senza cor, senza nume"
Escena 10
Recitativo y Aria, "Stelle vinceste, Dov'e la figlia"
Escena 11
Coro y Recitativo, "Al gran genio guerriero"
Ultima escena
Recitativo, "Seguimi, e non temer"
Final, "Imeneo che sei d'amori"

jueves, agosto 28, 2003

Gioacchino Rossini: Las andanzas de Figaro

Compositor italiano, conocido especialmente por sus óperas cómicas. Fue uno de los máximos exponentes del bel canto del siglo XIX, género que realza la belleza de la línea melódica por encima del drama o la profundidad emocional. Nació el 29 de febrero de 1792 en Pesaro, estudió en el conservatorio de Bolonia. Es autor de 37 óperas, desde Demetrio y Polibio (1806) hasta Guillermo Tell compuesta a los 37 años (1829). Su primera mujer, la soprano española Isabel Colbran, interpretó varias de sus primeras óperas. Sin lugar a dudas la ópera más famosa de Rossini es El barbero de Sevilla, escrita en Roma en 1816. Otras óperas suyas que figuran en el repertorio actual son L'italiana in Algeri (1813), Il turco in Italia (1814), La Cenerentola (1817), Semiramide (1823) y Comte Ory (1828).
En 1831 Rossini dejó de componer óperas y durante el resto de su vida sólo escribió dos obras importantes, el Stabat Mater (1842) y La pequeña misa solemne (1864). A pesar de este largo retiro siguió figurando como una de las personalidades más relevantes del mundo operístico. Falleció el 13 de noviembre de 1868 en Passy, Francia. Las óperas de Rossini fueron las últimas compuestas dentro del estilo italiano de opera buffa (ópera cómica). Ligeras y animadas, su música destaca por sus características cómicas. Rossini utilizaba el bel canto para crear melodías alegres de gran brillantez y emotividad.

lunes, agosto 25, 2003

Da Ópera de Tijuana muestra de profesionalismo
Cautiva drama de “I pagliacci”

Música, canto, teatro, escenografía, luces, mucho talento y trabajo previo se conjugaron para presentar esta cuarta producción tijuanense, en la que participaron casi un centenar de artistas en el teatro del Cecut
Periódico " Frontera 25/08/03
Entre payasos, cambios de luces, escenografía y voces excepcionales, el famoso drama de Canio y Nedda se representó en la ópera “Il Pagliacci” (Los payasos), en la producción anual de la Ópera de Tijuana.
Los 35 músicos de la orquesta comenzaron a tocar y, desde el foso del teatro del Cecut, acompañaron el drama escénico durante más de una hora y media, en la que se combinó el talento escénico y el dramatismo de esta historia.
Se subió el telón y la escenografía mostraba una calle de un pueblo del siglo XIX, la fachada de un edificio, un muro de piedra, un gran árbol a la derecha, desde donde el carruaje de los artistas de carpa entró a escena, y todo un conjunto de detalles.
El pueblo de Montalto esperaba a los payasos con alegría, sin imaginarse que en la función presenciarían un acto sangriento, producto del sentimiento de venganza de Canio al saberse engañado por su amada Nedda.
Música, canto, teatro, escenografía, luces, mucho talento y trabajo previo se conjugaron para presentar esta cuarta producción de la Ópera de Tijuana, en la que participaron casi un centenar de artistas.
Entre las voces estelares se encontraban la soprano italiana Paola Antonucci, quien representó a Nedda, y José Luis Ordóñez en el papel de Canio, además de los barítonos Salvador Padilla y John Polhamus y el tenor John Christian Edward.
“La comedia ha terminado”, expresa al final de la ópera uno de los payasos, en la culminación de este drama en el que la infidelidad, el amor y los celos se mezclan en una historia.
Debido a que la ópera está interpretada en italiano, durante toda la función se mostraron subtítulos en la parte superior del telón, para facilitar la comprensión de la misma.
La ópera: Más grande que la vida
“Es una conjunción de muchos aspectos artísticos, de mucho talento tanto por parte de los cantantes, músicos, como todo el equipo técnico. Estoy muy contento con el resultado y con la respuesta del público”, expresó José Medina, el director escénico.
La trayectoria de Medina incluye, además del canto como tenor en diversas óperas, la dirección artística de la Ópera de Tijuana, en la que ha dirigido escenas de “La traviata”, “Elixir de amor” y “La boheme”, así como las producciones de “El barbero de Sevilla” y “Madame Butterfly”.
El trabajo de conjugar el talento de casi cien artistas, entre músicos y cantantes, además de la idea del resultado sobre el escenario de “Il Pagliacci”, estuvo a su cargo.
“Imaginar previamente todo esto es una fantasía maravillosa, la ópera es más grande que la vida en el momento en que se presenta”, añadió, “es una cuestión de imaginación y de muchos años de experiencia”.
Musicalmente, el trabajo de Armando Pesqueira, el director concertador, inició hace un año, cuando empezó a trabajar con la partitura.
“Es un trabajo complejo, son muchos elementos, entre los que están el ritmo, la melodía, la armonía, la orquestación, entonces para que todo salga bien es necesario empezar con buen tiempo”, comentó.
El principal objetivo de Pesqueira era preparar a la orquesta en un alto nivel para que representara esta obra maestra y coordinar esto con los cantantes, lo cual se logró con muchas horas de ensayo.
“Estaba seguro de que iba a salir muy bien y confiaba tanto en los músicos como en los cantantes, ya que nos preparamos a conciencia”, dijo.
El resultado de este trabajo previo se reflejó en un teatro lleno en las dos funciones en que se presentó la ópera Il Pagliacci, el 22 y 24 de agosto en el teatro del Cecut.
Un personaje natural
Sobre el escenario, los movimientos de la joven Nedda son fluidos y expresivos mientras canta sus monólogos o el diálogo con su amante o su esposo y mientras actúa sobre el pequeño escenario de la carpa, dentro de la obra.
“La voz de Nedda es una voz más natural que la de los protagonistas de otras óperas, entonces hay mucho trabajo de vocalización y sobre todo es necesario estar tranquila tanto física como mentalmente antes de salir al escenario” indicó Paola Antonucci.
En octubre pasado, esta soprano italiana había estado en la región para un concierto en los estudios Fox, sin embargo es la primera vez que se presenta en una ópera en la ciudad.
Desde hace 28 años estudia canto, pero su carrera profesional inició hace 15 años, tras los que ha sido calificada por la crítica internacional como una de las mejores sopranos coloratura de esta época.
En su trayectoria ha representado los papeles estelares en óperas como “Rigoletto”, “Don Pasquale”, “La Ocasione fa il ladro”, “El barbero de Sevilla” y “Otello”, entre otras.
“De mi carrera me gusta conocer a tanta gente y sobre todo me gusta que la gente aprecia mucho esta arte y eso se siente en el escenario, cuando estás cantando”, expresó.
Los próximos días, Paola Antonucci participará en un festival musical clásico en Hungría, luego en India interpretará El Barbero de Sevilla y en Tokio, “La traviata”.
Representar el drama
“Canio es un personaje difícil porque el verismo es fuerte, es un personaje lleno de dramatismo, además de ser difícil vocalmente, entonces se requiere de una preparación mental y mucho trabajo previo”, mencionó el tenor José Luis Ordóñez, quien es originario de Ciudad Camargo, Chihuahua.
Este tenor comenzó a cantar desde niño y posteriormente combinó su preparación en el canto con el estudio de la licenciatura en Relaciones Comerciales, aunque al finalizarla decidió dedicarse de lleno a su carrera como cantante.
A la fecha, Ordóñez ha cantado los roles de Don Ángel en la ópera “El empresario”, “Don Ottavio” en “Don Giovanni”, Spoletta en “Tosca”, Luigi en “Il tabarro”, entre otros.
“Cada uno de los personajes tiene su propia personalidad, desde que estás vestido hay que ir tratando de interiorizarlo para que cuando estás a punto de salir a escena ya estás empapado de esta de emoción”, agregó.
Posterior a este trabajo, Ordóñez viajará a San Luis Postosí a cantar “La traviata”, al Palacio de Bellas Artes a presentar Madamme Butterfly y posteriormente a Italia a participar en un concurso y a una audición en Viena, Austria.
Entre sus últimos conciertos destaca su presentación a dúo al lado del tenor Plácido Domingo en la gala Viva la Zarzuela, donde fue elogiado como un tenor de gran talento y extraordinario futuro.

miércoles, agosto 20, 2003

GIUSEPPE D'ISTEFANO

Nació en Motta Santa Anastasia, cerca de Catania, el 24 de julio de 1921. Adriano Tochio (del coro de La Scala) le dio clases de canto durante casi dos años. Luego pasó a manos de Luigi Montesanto por período similar. En enero de 1941 llegó el servicio militar y fue destinado a un regimiento de infantería con sede en Ravenna. Allí se hizo amigo de Giovanni Tartaglione, jefe de los servicios sanitarios del regimiento, quien al saber que poseía una buena voz le asignó una tarea de enfermero-cantante. Incluso le salvó la vida al impedir que fuese enviado a la Unión Soviética donde él perdió la suya. En 1943 Di Stefano regresó a Milán con su madre e intentó cantar con el seudónimo de Nino Florio, pero la firma del armisticio y la llegada de los alemanes lo empujaron nuevamente hacia las filas de las que sólo se libró huyendo a Suiza. Una vez allí comenzó a ofrecer conciertos en diversos campos de refugiados para luego intervenir en un programa de Radio Lausana que incluía títulos como L' Elisir d' amore, Il Tabarro y La cambiale di matrimonio, dirigidos por Otto Ackermann. Terminada la guerra regresó a Italia y se puso de nuevo en manos de Montesanto, quien volvió a entrenarle la voz. No sólo le brindó lecciones bastante frustrantes sino que se convirtió en su empresario. Firmaron un contrato de diez años a instancias del veterano Walter Mocchi. Sin embargo, fue a través de Liduino Bonardi (otro conocido agente de artistas) que se concretó el debut del tenor como Des Grieux en Manon de Massenet en Reggio Emilia (1946). Ese mismo año se presentó en Barcelona.

En 1947 Di Stefano ya estaba en La Scala, donde fue un tenor de frecuente actuación en los quince años posteriores. Sus relaciones con la compañía tuvieron algunos sobresaltos en la época en que alternaba sus actuaciones con el Metropolitan. Los comienzos con Manon (Favero, Borriello, Siepi; dir: Antonio Guarnieri) y Mignon (Simionato, Aimaro, Paci, Siepi; id. director) fueron auspiciosos pero no tuvieron continuación hasta 1952, cuando regresó para una serie de funciones de La Gioconda junto a Maria Callas y Ebe Stignani, luego de una espinosa correspondencia entre Ghiringhelli y Bing. No se conserva una grabación del vivo de ese acontecimiento ni la obra de Ponchielli se produjo en ningún estudio discográfico con ese prestigioso trío. Otras óperas de La Scala cantadas junto a Callas fueron Lucia di Lammermoor, bajo la dirección y régie de Herbert von Karajan y La Traviata puesta en escena por Visconti. Aquí exhibió su fama de rebelde ante las sugerencias de los registas. Cuando Visconti cinceló la más perfecta Violetta imaginable en Callas (1955) la paciencia de Di Stefano se agotó y abandonó la producción. Ambos se reencontraron en Milán para la inauguración de la temporada 1957/58 con Un ballo in maschera (Simionato, Bastianini, Ratti; dir: Gavazzeni). El repertorio de Di Stefano en esa sala, de inicios mayormente líricos, se fue acercando más al terreno spinto y aparecieron títulos como Eugenio Onieguin (1954; Bastianini, Tebaldi, Elmo, Arié; dir: Rodzinski), Cavalleria rusticana (1955; Simionato, Guelfi; dir: Votto) y Adriana Lecouvreur (1958; Petrella, Simionato, Bastianini; dir: Votto), alternados con sus favoritos Werther y L' elisir d' amore, para culminar con fogosas funciones de Carmen (en idioma original y protagonizadas por la Simionato; 1955), Turandot, La Forza del Destino y Aida (1956; Stella, Simionato, Guelfi). Contrariamente a lo que pudiera pensarse a priori, su enfoque vocal de Radamés está bastante logrado, con algún Si bemol agudo muy bien colocado. Junto a Renata Tebaldi y Tito Gobbi hizo alguna exitosa representación de Tosca. en 1961 encarnó a Giuliano della Viola en Il calzare d'argento de Pizzetti, un papel de tensa tesitura que lo obligó a aprender un lenguaje musical que le era extraño. Sus actuaciones en La Scala entraron a una fase final a través del protagonista del Rienzi wagneriano (1964; Kabaivanska; dir: Scherchen) y el Nerón de L' incoronazzione di Poppea de Monteverdi (1967; Bumbry).

Había debutado en el Metropolitan el 25 de febrero de 1948 como el Duque de Mantua de Rigoletto y cantó en la misma temporada el Des Grieux de Manon. En 1948/49 aparecieron Wilhelm Meister en Mignon, Alfredo en La Traviata, Nemorino en L' elisir d' amore, Rinuccio en Gianni Schicchi, Fenton en Falstaff y Rodolfo en La Bohéme. En la temporada siguiente encarnó al cantante italiano de El Caballero de la Rosa y al protagonista de Fausto. Los últimos personajes aparecidos en esa etapa fueron Almaviva en El Barbero de Sevilla (con Lily Pons), Pinkerton en Madama Butterfly, Don José en Carmen (donde le fracturó un brzo a Risë Stevens) y Cavarossi en Tosca. En enero de 1965 regresó en pobre estado vocal para el protagonista de Los Cuentos de Hoffmann. También cantó en Chicago y Filadelfia. El período mexicano (1848/52) le sirvió para incorporar nuevas óperas a su repertorio, entre las que podemos mencionar Werther y La Favorita con la Simionato. Llegó a estas obras con una insuficiente preparación musical y las respectivas grabaciones dan un claro testimonio al respecto. El 9 de septiembre de 1951 se produjo en Brasil el primer encuentro artístico con Callas y Tito Gobbi en La Traviata. Estos artistas formaron después el terceto fonográfico más célebre de la historia. Sin embargo, ésa fue una de las pocas ocasiones en las que aparecieron juntos sobre el escenario. La dupla Callas-Di Stefano en Tosca, tan famosa en el disco, se concretó en el teatro sólo en México (1952).

viernes, agosto 15, 2003

ENCUENTRO DE TITANES
Ayer disfruté tanto el ensayo de " I pagliacci", primero porque tocóme dirigir el coro y segundo por lo siguente:
El descanso de 15 minutos después de haber pasado la obra completa actuada sin ningún contratiempo, arriba un personaje de lo mas humilde que yo haya conocido...
Se acerca al escenario a saludar, y la mayoría del personal lo reconoce es nada mas y nada menos que el maestro Ignacio Clapés , uno de los mas famosos tenores que ha dado México, pero no solo eso comienzan a platicar cantantes que han hecho papeles principales en las diversas operas a nivel nacional e internacional, cantantes todos mexicanos, José Medina, Salvador Padilla, José Luis ordoñez, y el maestro Antonio Gonzalez quein fuera director del coro del Palacio de las Bellas Artes y repertorista de los más grandes cantantes del mundo y un servidor que no canta mal las rancheras, asi que fue un gran encuentro; los ensayos prometen " un grande spettacolo" como dice Canio, el payaso engañado y advierte que la función debe continuar.....ahi se ven!!!!!!!!

martes, agosto 12, 2003

I pagliacci


Este 22 y 24 de Agosto, en la sala del Teatro del centro Cultural Tijuana presentaremos "I pagliacci" (los payasos) de Ruggero Leoncavallo, con un elenco de talla internacional , en el papel de Canio , el tenor chihuahuense José Luis Ordoñez y Nedda su esposa, la soprano italiana Paola Antonucci...los esperamos!!!!!!

miércoles, agosto 06, 2003

MARIA CALLAS

María Callas, cuyo verdadero nombre era Cecilia Sophia Anna Maria Kalogeropoulou, nació en la ciudad de Nueva York el 2 de Diciembre de 1923 como hija de unos emigrantes griegos. Debido a las dificultades económicas de su familia, se volvió a Grecia con su madre en 1937. Se inscribió en el Conservatorio de Atenas estudiando con Elvira da Hidalgo, una renombrada soprano además de una excelente profesora.

María Callas hizo su debut en 1941 con la obra Tosca de Puccini en la Ópera de Atenas, un papel que interpretaría en numerosas ocasiones, y con el cual inició su despedida un cuarto de siglo después. Estuvo cantando en Atenas durante varios años antes de realizar su debut italiano con La Gioconda de Ponchielli en Verona en el año 1947. Esta producción de La Gioconda estuvo dirigida por Tullio Serafin, quien se convirtió en su mentor musical.

En los primeros días de su carrera, Maria Callas representó una gran variedad del repertorio, incluyendo papeles fuertes como Isolda en la ópera wagneriana Tristan und Isolde, pero enseguida olvidó estos papeles para concentrarse en las óperas italianas, particularmente en el bel canto con obras de Rossini, Bellini, Donizetti y el primer Verdi.

En 1949, Maria Callas conoció a Giovanni Meneghini con el que se casó. Giovanni Meneghini junto a Tullio Serafin guiaron su carrera. Estuvieron diez años casados.

Hizo su debut en La Scala de Milán en 1950 con la representación de Aida. Su primera aparición en Nueva York fue en 1956 representando la ópera de Bellini Norma, un papel que se convirtió en su especialidad.

Maria Callas estuvo siempre muy interesada en revitalizar aquellas óperas que habían sido olvidadas, representando obras olvidadas de Cherubini, Gluck, Haydn y Spontini. Trabajó con algunos de los más importantes directores de escena y orquesta del momento, destacando Luchino Visconti, Leonard Bernstein, Carlo Maria Giulini y Herbert von Karajan. También desarrolló una gran relación musical con gran cantidad de cantantes, principalmente con el tenor Giuseppe di Stefano y el barítono Tito Gobbi, apareciendo con mucha frecuencia en escena y en grabaciones. Maria Callas era extremadamente autocrítica y temperamental por lo que tenía frecuentes altercados con empresarios y directores de los teatros.

En 1959, Maria Callas conoció al naviero griego Aristóteles Onassis, abandonando a su marido Giovanni Meneghini. Tuvo un breve retiro durante esta relación pero cuando volvió de nuevo a escena, su voz evidenciaba signos de decaimiento. En 1965, realizó su última representación operística con Tosca en el Covent Garden de Londres. En ese momento tenía 41 años. Tres años más tarde, Aristóteles Onassis dejó a Maria Callas por Jacqueline Kennedy.

Durante la última década de su vida, vivió prácticamente recluida en París. Realizó pequeñas apariciones con di Stefano e impartió una serie de clases maestras en el Juilliard School de Nueva York entre los años 1971 y 1972. Murió en París el 16 de Septiembre de 1977. La causa de su muerte nunca estuvo totalmente determinada.

viernes, agosto 01, 2003

LA CATEDRAL DE LA OPERA MUNDIAL: TEATRO ALLA SCALA DE LA CIUDAD DE MILAN, ITALIA

Situado en la Piazza della Scala de la capital lombarda, su nombre es sinónimo de ópera y se le considera el primer coliseo del mundo. Ocupa el solar en el que primitivamente estaba la iglesia de Santa María alla Scala, y fue erigido entre los años 1775 y 1778 según los planos del arquitecto Giuseppe Piermarini (1734-1808), inaugurándose en el último año citado con el estreno de la ópera Europa riconosciuta, de Salieri.
Su elegante fachada está coronada por un tímpano que representa el carro de Apolo y no ha sufrido modificaciones desde su construcción, a diferencia de lo ocurrido con su interior, en el que la policromía dieciochesca original de la decoración fue sustituida en 1830 por una ornamentación dorada de estilo neoclásico.

Destinada a sustituir el antiguo teatro ducal, destruido por un incendio, la Scala se caracterizó desde sus primeros años por su afán de mantenerse en cabeza de los teatros líricos, adoptando para ello las continuas reformas que traía el progreso: así, fue el primer teatro del mundo que tuvo iluminación eléctrica, en 1883; un cuarto de siglo más tarde, en 1907, hubo de hacer ingentes obras para constuir el gran foso para la orquesta, que también fue en ese momento el más amplio y cómodo que existía; sucesivas ampliaciones de aforo, por otra parte, lo han llevado a las 3200 localidades de que dispone en la actualidad. Mucho más que su teatro, la Scala fue el centro público de las actividades del Risorgimento, y aún después de la independencia y unificación mantuvo la primacía entre todos los teatros líricos italianos hasta el punto de que la mayor parte de los estrenos del siglo de oro de la ópera se realizaron en ella. También en su ámbito se ha configurado la actividad musical de las mayores editoras musicales, como es el caso de Ricordi y Sonzogno.

Dirigida durante los años 20 por el genial Arturo Toscanini –tal vez el director de orquesta más célebre del siglo XX-, la Scala sufrió graves daños durante los bombardeos aéreos de 1943, pero su espíritu resurgió briosamente ni bien concluida la segunda guerra mundial, y que fue el primer monumento público italiano que se reconstruyó tras la contienda. Aqui estudió mi maestro Jesús Li Cecilio, nos comentó que él tomaba clases en el salón del segundo piso de este gran teatro, con la gran mezzosoprano Giulietta Simionato, ahi se ven...