jueves, julio 17, 2003

ESTO SÍ ES AMOR A LA OPERA
Teatro de la Opera Amazonas (Manaos)
La ciudad fantasma de Manaos era una aldea ubicada en la confluencia de los tres grandes ríos que vuelcan su caudal en el Amazonas hasta que Charles Goodyear descubrió la vulcanización del caucho en 1844, y años más tarde Dunlop inventó la rueda neumática, lo que produjo una explosión comercial sin precedentes ni comparación con la de ningún otro producto: el precio del caucho subió como por ensalmo y la producción pasó en pocas décadas de 156 a 21000 toneladas anuales. Brasil era el vendedor del 88% del caucho que se consumía en el mundo, y casi todo él salía de Manaos o pasaba por ahí. En un fulgurante proceso que no tiene igual en la historia, Manaos se convirtió en una de las ciudades más suntuosas del mundo, una joya de la arquitectura y de riquezas de todo tipo con palacios con habitaciones de sobra que nadie ocupaba, pianos de cola que nadie tocaba y gigantescas arañas de cristalería que nada tenían que envidiar a las de Versalles.
El centro y símbolo de esa opulencia fue el Teatro de la Opera, en cuya construcción se invirtió la fabulosa suma de diez millones de dólares y en el que un verdadero ejército de albañiles y artesanos de todo tipo trabajó para dejarlo acabado entre 1881 y 1896. Por las vastas aguas del Amazonas, que en la confluencia de los ríos Negro y Solimoes tiene un ancho de ocho kilómetros, subieron penosamente los lujosísimos materiales importados de Europa: hierro forjado de Glasgow para las columnas, mármoles y porcelanas italianas, 66000 azulejos franceses, cristalería y arañas de Bohemia, telones tejidos por los tapiceros de Bruselas y decenas de artistas de renombre que pintaron las decoraciones al fresco de los suntuosos y gigantescos salones interiores. Frente a la entrada principal, en el foyer que semejaba un templo griego, se instaló una enorme fuente de la que en los días de representación manaba sin cesar champagne francés.

Cuando las plantaciones asiáticas de caucho, controladas por los ingleses, comenzaron a hacer bajar los precios en picado, justo antes de la Primera Guerra Mundial, Manaos despertó de su sueño y en poco más de diez años volvió a ser una ciudad perdida en el corazón de la selva más vasta del planeta y la mayor parte de sus palacios fueron lentamente carcomidos por la usura del trópico. Pero la Opera, varias veces restaurada –incluyendo su espectacular cúpula de azulejos amarillos y verdes-, sigue allí y se la puede visitar, como testimonio viviente de uno de los suelos más faraónicos que haya tenido el hombre.
Supuestamente la idea de construir un teatro de opera en esos lares era el de llevar a la selva amazónica y combinar la belleza extrema de la voz de Enrico caruso y la rara belleza que existe en la selva amazónica...se ven....