lunes, mayo 19, 2003

BEETHOVEN Y LA OPERA
Los años que transcurren entre el estallido de la Bastilla (1789) y la caída final de Napoleón (1815) vieron una Europa inmersa en guerras, confusión, privaciones y desdichas. El orden jerárquico del Antiguo Régimen saltó en pedazos. El teatro musical, siempre a tono con los tiempos, borró las fronteras divisorias entre los estilos cómico y serio, entre el pathos heróico y el idilio doméstico; derivó hacia formas mixtas (como la ópera semiseria), incidió en las realidades de una época turbulenta y flexibilizó sus pautas formales. El hedonismo de las épocas barroca y rococó se había extinguido por rancio y había nuevamente interés en la ética, los ideales, el heroismo y la emoción. El héroe o la heroína solitarios, el individuo excepcional, se convirtieron en objeto de culto, de manera destacada en la ópera de terror y evasión que procedía de París; estas óperas tenían relación con el abuso de poder y la arbitrariedad del mismo y con los inocentes prisioneros amenazados de muerte, demostrándose en conclusión que la perseverancia individual del oprimido y el valor ante la muerte conduce a la victoria de una causa justa.
Docenas de óperas pintaron los terrores de la prisión y el acto del rescate en la escena. El ejemplo paradigmático del nuevo estilo que se había hecho hueco en el repertorio es Fidelio, de Ludwig van Beethoven (1770-1827), cuyo argumento es el mismo al que pusieron música Pierre Gaveaux, Ferdinando Paër y Simmon Mayr. La fuente original era un texto dramático del francés Jean Nicolas Bouilly, Léonore ou l'amour conyugale (1798), basado en un incidente que Bouilly había conocido como inspector de prisiones. Beethoven, que sólo daba su aprobación a los dramas escénicos siempre que fueran esencialmente moralizadores, puso música a una traducción alemana del texto francés, insistió en titularla Leonore y la configuró en tres actos. Dirigió la primera representación en Viena en 1805, estando la ciudad imperial ocupada por los franceses, y no suscitó gran expectación. Beethoven revisó la obra y la tercera versión, de 1814, tenía la estructura en dos actos que hoy conocemos y se titulaba Fidelio. Beethoven llegó a escribir cuatro oberturas para la ópera, las tres llamadas "Leonore" y la breve conocida como "Fidelio", en mi. El sentimiento heroico de leonora reside en el contexto de Singspiel de la gente corriente (Rocco, Marcellina, Jachino), en la medida en que responde al imperativo moral del amor conyugal y se expone a un riesgo extremo con tal de rescatar a Florestan de su arbitrario encarcelamiento y de la muerte absurda. La heroína de ópera seria se ha convertido en una heroína altamente dramática del imperativo moral; la escena de Florestan en la cárcel se convierte en una pintura tenebrosa de la maldita celda (dicho en lenguaje actual) y la partitura simétricamente construida se desarrolla vigorosamente, culminando en el jubiloso do mayor del rescate final. El tipo fundamental de la gran ópera heroica se abre al realismo por el uso ocasional del melodrama y del diálogo hablado, tomados del Singspiel y de la comedia musical francesa. Beethoven no escribió más óperas; rechazó todos los temas que le ofrecieron, particularmente los de cuentos de hadas y leyendas. No obstante, escribió música incidental para la tragedia de Goethe Egmont (1810), con la intención de ensalzar y complementar el sentido dramático.